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Recientemente, un reportaje de France 24 ha documentado la cotidianidad venezolana tras la salida de Nicolás Maduro del poder, un escenario que, aunque aún no se ha consolidado institucionalmente, ya se percibe en las calles. El informe señala que los ciudadanos enfrentan una realidad dual: por un lado, la economía sigue marcada por la inflación y los apagones recurrentes; por otro, se registra una notable reducción del miedo que durante años condicionó la vida pública y privada. Este cambio de atmósfera, según los entrevistados, se manifiesta en la libertad para expresar opiniones políticas sin temor a represalias inmediatas.
El porqué de esta situación se explica por la herencia de una crisis estructural que no se revierte de inmediato. La hiperinflación, que llegó a niveles de tres dígitos anuales, ha dejado una base monetaria frágil y una capacidad de consumo deteriorada, mientras que el sistema eléctrico, afectado por años de falta de inversión y mantenimiento, sigue siendo vulnerable a fallas masivas. Sin embargo, el cómo de esta nueva etapa revela un cambio cualitativo: la desaparición del aparato represivo como herramienta cotidiana ha permitido que los ciudadanos retomen espacios públicos y discusiones que antes eran considerados de alto riesgo. Organizaciones de derechos humanos han comenzado a documentar una disminución de las detenciones arbitrarias y de los operativos de inteligencia en zonas residenciales, aunque advierten que la infraestructura de control aún existe.
Este nuevo clima, no obstante, no debe leerse como una solución automática a los problemas de fondo. La inflación, aunque moderada respecto a los picos de 2018 y 2019, sigue erosionando los salarios, y los apagones, que en algunas regiones duran hasta doce horas, afectan la producción y la vida diaria. El reportaje de France 24 subraya que la población ha aprendido a convivir con estas carencias, pero también que la ausencia de miedo ha generado una demanda social más activa: los ciudadanos ahora exigen soluciones concretas a sus gobernantes de transición, en lugar de limitarse a sobrevivir.
Para qué sirve este cambio es la pregunta que cierra el análisis. La disminución del miedo no es un fin en sí mismo, sino un medio para reconstruir el tejido social y político del país. Si la transición logra canalizar esta nueva energía cívica hacia la resolución de los problemas económicos y de infraestructura, Venezuela podría estar ante la oportunidad de sentar las bases de una recuperación sostenible. Pero si las autoridades provisionales no responden a las expectativas, el riesgo de frustración y de nuevos conflictos sigue latente. La crónica de France 24 deja claro que el país ha dejado atrás el terror, pero aún no ha encontrado el camino hacia la estabilidad.
Fuente original: France 24 | Ver despacho